¿Qué es realmente el estilo ‘preppy’ y de dónde viene?
Si estás por estudiar un posgrado en Estados Unidos, especialmente en universidades como Harvard, Yale, Princeton, Columbia o Georgetown, probablemente te vas a topar muy rápido con una palabra que parece estar en todas partes: preppy.
Quizá hayas escuchado el término asociado a una forma de vestir, pero la realidad es que el estilo preppy, también conocido como estilo Ivy League, va mucho más allá. Es una estética, sí, pero también un lenguaje cultural que mezcla tradición, referencias universitarias, deporte y cierta nostalgia por la costa este estadounidense.

TikTok y Pinterest lo revivieron como tendencia estética, pero el estilo preppy existe desde mucho antes de que existieran las plataformas que hoy lo popularizan. Aunque solemos asociarlo con universidades estadounidenses como Harvard, Yale o Princeton, muchas de sus referencias visuales provienen de tradiciones británicas de vestir: ropa deportiva, uniformes universitarios, tailoring relajado y prendas vinculadas a deportes como remo, tenis, rugby o vela.
Fue en las preparatorias privadas (prep schools) y universidades de élite de la costa este de Estados Unidos donde esos códigos terminaron reinterpretándose y consolidándose en algo reconociblemente preppy: una estética donde la ropa no buscaba destacar individualmente, sino comunicar pertenencia.
Esta es una guía para entender qué es realmente el estilo preppy -también conocido como estilo Ivy League, de dónde viene y por qué sigue siendo una de las referencias culturales más reconocibles de los campus estadounidenses.
¿De dónde viene?
El término preppy viene de las preparatorias privadas estadounidenses conocidas como preparatory schools, instituciones históricamente asociadas con familias de la costa este. Estas escuelas estaban diseñadas para preparar a sus estudiantes para universidades como Harvard, Yale o Princeton.
Aunque muchas de sus referencias visuales tienen raíces británicas, fue en estos entornos donde el estilo adquirió una identidad propia. Entre las décadas de 1920 y 1930, estudiantes de universidades de la Ivy League comenzaron a combinar ropa deportiva, prendas universitarias y tailoring relajado en una estética que terminaría convirtiéndose en un referente cultural por derecho propio.
Blazers azul marino, camisas Oxford, mocasines, suéteres de lana, polos rugby, trench coats, pantalones chinos y tenis blancos clásicos. Muchas de estas prendas provenían directamente de deportes como remo, tenis, golf o vela, disciplinas profundamente ligadas tanto a las universidades británicas como a las élites universitarias estadounidenses.
La estética también estaba ligada a la idea de legado. No solo en términos económicos, sino culturales: ropa pensada para durar años, prendas heredadas, piezas clásicas que parecían existir fuera de las tendencias. La chamarra Barbour gastada, el reloj sencillo de piel, el sweater amarrado sobre los hombros, el tote bag universitario lleno de libros.
Y quizá uno de los detalles más interesantes del estilo Ivy era que no debía verse demasiado producido. Parte del ideal consistía precisamente en verse bien vestido sin aparentar demasiado esfuerzo.
Con el tiempo, ese estilo dejó de ser exclusivamente universitario y empezó a representar algo más amplio: una idea aspiracional de educación, estabilidad y refinamiento estadounidense.

En los años 80, el libro The Official Preppy Handbook terminó de consolidar el fenómeno cultural al convertir estos códigos sociales en una especie de sátira colectiva: colores pastel, casas de verano en Nantucket, sweaters sobre los hombros y una obsesión casi deportiva por parecer effortless. El libro detalla con absoluta seriedad, y mucho humor, las “reglas” del universo preppy: desde cómo usar boat shoes, penny loafers o pantalones plaid, hasta la importancia de decorar casas con motivos de patos o de que nada pareciera recién comprado. Lo interesante es que, aunque el libro se burlaba un poco de estos códigos, terminó ayudando a popularizarlos aún más.
Y quizá ahí está la clave más importante para entender el estilo preppy: siempre ha tenido un toque de pertenencia. No solo comunica cómo te vistes, sino de dónde vienes, qué espacios conoces y qué tan cómodo estás en ellos.
Entonces…
¿Qué es exactamente el estilo preppy?
Aunque muchas veces se asocia únicamente con “ropa de universidad”, el preppy en realidad funciona como un sistema bastante reconocible de prendas, colores y formas de combinar ropa.
El guardarropa clásico gira alrededor de básicos muy específicos: camisas Oxford (las famosas OCBD - Oxford Cloth Button Down), sweaters tejidos tipo cable knit, cardigans, polos rugby, chinos color khaki, pantalones con pinzas, faldas tableadas, trench coats, blazers azul marino y loafers.
También existen piezas profundamente ligadas a la historia del estilo: las Bass Weejuns penny loafers, las corbatas repp stripe, los sweaters Shetland, las chamarras enceradas Barbour y los blazers ligeramente desestructurados popularizados por marcas históricas como Brooks Brothers y J. Press.

La lógica del estilo está menos en piezas “statement” y más en construir capas simples que se vean naturales.
Hay combinaciones muy típicas:
— Camisa Oxford debajo de un sweater en V dejando el cuello visible.

— Blazer relajado con jeans rectos o chinos.

— Sweater sobre los hombros amarrado de forma casi accidental.

— Pantalones ligeramente cortos para que se vean los calcetines o los loafers.

La paleta también sigue ciertos códigos bastante claros: azul marino, beige, blanco, gris y khaki como base; verde bosque, rojo oscuro, rosa pastel o baby blue como acentos. Estampados clásicos como plaid, tartán, rayas o gingham aparecen constantemente. Y la clave está en que nunca se sienta demasiado producido. La camisa está ligeramente arrugada, el sweater parece heredado y los loafers ya están gastados.
¿Cómo funciona hoy?
El preppy original funcionaba como una forma visual de integrarse al entorno. Hoy eso ha cambiado un poco. Las nuevas generaciones mezclan estas referencias clásicas con streetwear, ropa vintage, minimalismo o elementos mucho más personales.
Por eso ahora puedes ver loafers con hoodies demasiado grandes, blazers con tenis, suéteres universitarios combinados con pantalones baggy o tote bags Ivy League junto a audífonos gigantes y lattes de avena.

Las redes sociales contribuyeron muchísimo a estetizar esta mezcla. Lo que antes era simplemente “ropa universitaria de la costa este” hoy aparece convertido en categorías hiper específicas: dark academia, coastal granddaughter, tenniscore, quiet luxury. Muchas de estas tendencias toman elementos del universo preppy aunque no siempre entienden del todo su contexto original.
También es interesante cómo el estilo ha sido reinterpretado por generaciones completamente distintas a las que originalmente lo construyeron. Desde músicos de jazz como Miles Davis o James Baldwin apropiándose del estilo Ivy en los años 50 y 60, hasta figuras contemporáneas como Tyler, The Creator mezclando referencias preppy con skatewear y streetwear.
Porque quizá esa es la razón por la que el estilo sigue sobreviviendo: es suficientemente clásico para mantenerse reconocible, pero suficientemente flexible para reinventarse constantemente.
¿Cómo adaptarlo sin disfrazarte?
Parte de la fantasía preppy viene de películas, series y campañas publicitarias donde todo parece perfectamente coordinado: otoño eterno, bibliotecas impecables, estudiantes leyendo filosofía en sweaters color crema.
La realidad suele ser mucho más caótica.
Sí, existe cierta estética compartida en lugares como Harvard, Yale o Princeton, pero el verdadero “uniforme Ivy” muchas veces tiene menos que ver con sofisticación y más con funcionalidad.
Tal vez para ti eso significa usar un trench coat clásico o incorporar un blazer azul marino a tu ropa de siempre.
El estilo preppy lleva décadas funcionando como una estética aspiracional, pero en el fondo siempre ha sido algo más complejo: una mezcla de tradición, academia y cierta idea de “pertenecer” a espacios históricamente exclusivos.
Y tú, ¿usarías este estilo durante tu posgrado, o lo dejarías solo como referencia cultural?
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